Movimiento poético francés de la segunda mitad del S. XIX que se caracteriza por la reacción contra el lirismo sentimental y el descuido de la forma de la poesía romántica. Continúa la línea, ya iniciada por Téophile Gautier (v.) con sus teorías del «arte por el arte», de hacer una poesía más objetiva cuyo mérito radique no en la confidencia emocionada, sino en la consecución de una implacable perfección formal. Los poetas de esta escuela se agruparon en torno a las antologías tituladas Le Parnasse contemporain (El Parnaso contemporáneo) que el editor Lemerre publicó en 1866, 1871 y 1876. Aunque no puede hablarse de unidad de doctrina en el grupo parnasiano -el primer Parnasse contenía poesías de Baudelaire (v.),- Verlaine (v.) y Mallarmé (v.)-, todos ellos coinciden en censurar los excesos patéticos y sensibleros de la poesía romántica y reivindican los valores plásticos y el trabajo artístico como lo esencial en la obra lírica.
El jefe del movimiento parnasiano fue Leconte de Lisle (n. el 22 oct. 1818 en la isla de La Reunión y m. el 18 jul. 1894 en Louveciennes). Este poeta combate violentamente la exhibición de temas íntimos en la poesía y se dedica al cultivo de un lirismo impersonal lleno de brillantez. Admirador de la Antigüedad clásica, busca su inspiración en la civilización griega -Poémes antiques (1852)- o en la evocación de las culturas y mitologías «bárbaras», orientales, nórdicas, etc. -Poémes barbares (1862)-, donde el exotismo va unido a una exactitud en la documentación y a un meticuloso trabajo poético que sustituye a la sacrosanta inspiración romántica.
En la misma línea se sitúa otro poeta ultramarino, José María Heredia (v.; 1842-1905), cuyo virtuosismo y dominio de los recursos poéticos dan como resultado composiciones (recogidas en 1893 con el título de Les trophées) de una extraordinaria fuerza evocadora y llenas de hermosas sonoridades. Otros poetas parnasianos son Théodore de Banville (1823-91), Sully Prudhomme (1839-1907), Franfois Coppée (1842-1908), Catulle Mendés (1841-1909) y Léon Dierx (1838-1912), aparte de muchos otros seguidores, hoy más o menos olvidados. En efecto, si el P. tuvo el mérito de cortar radicalmente el descuido formal del romanticismo, exageró notablemente sus postulados de la impasibilidad y la belleza estética como esenciales en la obra poética. Por eso, sus autores son grandes en la medida en que se evaden, por su temática o por su tono, de este estrechamiento de la inspiración lírica y de este ejercicio de acrobacia verbal. Por el contrario, amplió considerablemente las posibilidades de la técnica poética (rimas difíciles, palabras extrañas y deslumbrantes) e implantó la preocupación de someter a un delicado trabajo de ajuste la densidad y calidad de la materia verbal. Su influencia fue grande en poetas posteriores, como los modernistas (Salvador Rueda, Rubén Darío; v. MODERNISMO), e incluso en determinados aspectos de Paul Valéry (v.).
El jefe del movimiento parnasiano fue Leconte de Lisle (n. el 22 oct. 1818 en la isla de La Reunión y m. el 18 jul. 1894 en Louveciennes). Este poeta combate violentamente la exhibición de temas íntimos en la poesía y se dedica al cultivo de un lirismo impersonal lleno de brillantez. Admirador de la Antigüedad clásica, busca su inspiración en la civilización griega -Poémes antiques (1852)- o en la evocación de las culturas y mitologías «bárbaras», orientales, nórdicas, etc. -Poémes barbares (1862)-, donde el exotismo va unido a una exactitud en la documentación y a un meticuloso trabajo poético que sustituye a la sacrosanta inspiración romántica.
En la misma línea se sitúa otro poeta ultramarino, José María Heredia (v.; 1842-1905), cuyo virtuosismo y dominio de los recursos poéticos dan como resultado composiciones (recogidas en 1893 con el título de Les trophées) de una extraordinaria fuerza evocadora y llenas de hermosas sonoridades. Otros poetas parnasianos son Théodore de Banville (1823-91), Sully Prudhomme (1839-1907), Franfois Coppée (1842-1908), Catulle Mendés (1841-1909) y Léon Dierx (1838-1912), aparte de muchos otros seguidores, hoy más o menos olvidados. En efecto, si el P. tuvo el mérito de cortar radicalmente el descuido formal del romanticismo, exageró notablemente sus postulados de la impasibilidad y la belleza estética como esenciales en la obra poética. Por eso, sus autores son grandes en la medida en que se evaden, por su temática o por su tono, de este estrechamiento de la inspiración lírica y de este ejercicio de acrobacia verbal. Por el contrario, amplió considerablemente las posibilidades de la técnica poética (rimas difíciles, palabras extrañas y deslumbrantes) e implantó la preocupación de someter a un delicado trabajo de ajuste la densidad y calidad de la materia verbal. Su influencia fue grande en poetas posteriores, como los modernistas (Salvador Rueda, Rubén Darío; v. MODERNISMO), e incluso en determinados aspectos de Paul Valéry (v.).
FRANCISCO J. HERNÁNDEZ
BIBL.: A. THIBAUDET, Historia de la Literatura francesa (de 1789 a nuestros días), Buenos Aires 1945; M. SOURIAU, Histoire du Parnasse, París 1929; P. MARTINO, Parnasse et symbolisme, París 1967; P. VAN TIEGHEN, Petite histoire des grandes doctrines littéraires en France, 3 ed. París 1954; P. FLOTTEs, Leconte de Lisle, París 1954.

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